sábado, mayo 30, 2015

Una gota de sangre en el martini, por favor.


En horas crepusculares de este pasado Jueves 27 de Mayo, se presentó en la madrileña librería "Cervantes" de Madrid, la novela de Jose Antonio Gómez Pintado (Zippy, para los que mas le queremos).

Una historia de un Vampiro Mod, aficionado a los tragos de coctelería mas exclusiva y que , como buen vampiro, no se lleva demasiado bien con los licántropos rockers de la noche madrileña.
El entorno de la localización de la trama, se sitúa , en su mayoría en las calles de Malasaña y su particular tarde-noche.

Una lectura, que sin duda, no te dejará indiferente y en el que los seres de la noche madrileña, podemos hallar en la novela a personajes con sospechoso parecido a nuestro alter ego.

Ambición, rígidos y peculiares códigos éticos y peripecias enfundadas en un elegante glamour de tiempos pretéritos. Que además, amenazan con una segunda entrega en próximas fechas.

Hoy ha amanecido un día espléndido, para disfrutar de la lectura de esta novela, con un café matinal a primera hora, una terracita soleada al mediodía y un cóctel a media tarde. (Por ejemplo un Martini)... siempre que lleve una gota de sangre. ¡Por favor!

miércoles, mayo 27, 2015

ESPAÑA

Ayer, regresando del hospital, pasé por la plaza de Colón, en donde ondea majestuosa nuestra enseña nacional en un tamaño mas que considerable.

Paciente, valiente, tranquila... con el aplomo que siglos de existencia y una historia de gestas valerosas por parte de sus hijos, (que llegaron a mantener durante siglos, un imperio en el que "no se ponía jamás el sol") confieren a su honorabilidad, fuera de cualquier rastro de duda.


También conoció tiempos negros. De dolor, de hambre, de miseria económica y moral, de miedo... como ahora, que ascienden al poder, gentes llenas de odio y radicalidad que la odian profundamente.

Pero ella ondea suavemente. Consciente al fin y al cabo, que aunque algunos indeseables no la quieran, ella está por encima de todo ello. Y simboliza a todos. Sin ideologías, sin condiciones.

Ella es arena de la playa en Andalucía, roca volcánica del Teide y roca de los Picos de Europa.
Ella es flamenco, sardana y muñeira. Es hombre, es mujer, es pobre y rica a la vez... Ella es ilusión de hinchas deportivos y llanto de la gente de bien, cuando unos desaprensivos han asesinado a alguno de sus hijos.

Es trabajo duro, es sudor de currante, es merecido descanso tras una jornada de labor.
Es Cocido, es botillo, es fabada, es chistorra, es marisco y pescado rebozado.
Ella es un fresco y limpio amanecer y una dorada y colorida puesta de sol.
Es fábrica, es huerta, es mina...

Ella es , simplemente: ¡ESPAÑA!

domingo, mayo 10, 2015

Hybrid. El coche fantasma

La pelicula como tal, es una basura. Pero es de ese tipo de basura que entretiene y que a los quemadillos del motor, nos dejará algunas escenas en la memoria de lo mas memorable.

Título original: Hybrid (Super Hybrid)
Año: 2010
Duración : 94 min.
País : Estados Unidos
Director : Eric Valette
Guión : Benjamin Carr
Música : Thomas Schobel, Martin Tillman
Fotografía : John R. Leonetti
Reparto : Shannon Beckner, Oded Fehr, Ryan Kennedy, Melanie Papalia, Adrien Dorval, Duncan Fisher, Josh Strait, Kent Nolan, Tim McGrath
Productora : Coproducción Estados Unidos-Alemania; Stallion Media / Studio 407 / TADORA Filmproduktions
Género : Terror | Sobrenatural. Coches / Automovilismo

Sinopsis : Una noche, un misterioso coche es llevado al garaje de la policía de Chicago después de que se estuviera implicado en un trágico accidente. Tilda, la mecánica de guardia, pronto descubre que el vehículo tiene vida propia y que con sus cientos de caballos y sus dos toneladas de acero reforzado es una máquina imparable de matar humanos.

Resaca

Despiertas con la boca pastosa, sucia , con sed...
Con un terrible dolor de cabeza, entre sábanas sucias y revueltas que huelen a sudor y a fluidos corporales indeterminados.
El estómago lo tienes revuelto y al tratar de incorporarte, un tiovivo de mil demonios comienza a agitar el Mundo que te rodea en una escala de 7,6 grados en la escala de Ritchter.

No recuerdas demasiado bien lo que estuviste haciendo ayer. Entre retazos de una película de terror que es tu vida, aciertas a recordar vagamente el fondo vacío de mil vasos de cristal, rodajas de limón huérfanas de guarnición, perdídas entre pequeños cubitos de hielo y una sonrisa blanca, de dientes imperfectos buscando tu boca con ansia y desesperación.

Empiezas a recordar el aroma de unos cabellos de un olor determinado. Mezcla de pachuli y a hembra peligrosa.
Asocias la sonrisa de dientes descolocados a aquel olor. Una boca imperfecta, como la vida, pero apetecible, como la muerte.

Risas , alcohol, mas risas, mas alcohol... El suave tacto tibio de una piel y el frio tacto del metal.
Hueles tu camiseta y aún lleva impregnado aquel olor de tu última pieza cobrada. Te gusta como huele. A mujer. A damisela deshonrada. A solitaria cazadora de corazones esquivos.

Los rayos del sol que penetran oblicuamente desde el ventanal, te producen una reacción vampírica de rechazo a la luz. Inmediatamente buscas el lavabo y te echas agua fresca abundante por la cara, mientras que un lamento quejumbroso y gutural, te recuerda que las viejas cañerías de ese cubil en el que pernoctas, poseen algún que otro siglo de antigüedad y te recuerdan que tu tampoco eres ya ningún chaval.

Alcanzas tus botas. Poseen un olor a cuero que te recuerdan a la madera de un viejo taller y al aroma de un buen bourbon.

Manos toscas con anillos de plata y restos de grasa entre uñas y huellas dactilares que te recuerdan que tu moto, se quedó anoche durmiendo en la puerta de casa. Manos que anoche, recorrían la piel suave y blanca de aquella hembra rotunda que te dió lo único que poseía.

Recuerdos de sexo, de abrazos y besos, de la penumbra de una habitación destartalada , iluminada intermitentemente por la luz de neón de un cartel de publicidad , ubicado justo enfrente de la vieja ventana de marcos de madera.


Luces rojas, azules, verdes... que teñían la escena de su piel, mientras se arqueaba peligrosamente para la salud de su espalda a la vez que apretaba tu cabeza contra su sexo, sintiendo deshacerse en tu boca. Vaciarse por completo de problemas, complejos e inseguridades, mezcladas con decilitros de flujo vaginal que aún dejan un cierto regusto en tu boca... y dibujan una sonrisa socarrona en tu rostro, al recordar los detalles de todo aquello.

Al acabar,recuerdas que se cabreó porque no quisiste quedarte con ella. Pero necesitabas sentir el aire fresco de la noche.
Una motocicleta solitaria surcando las calles vacías y mojadas, bajo la luz de las farolas, que custodian la noche de las sombras y la mas dura oscuridad.

Recuerdos de ayer, deja vu de mañana... En realidad, poco importa.
Te vistes pesadamente, arrancas tu motocicleta entre el estruendo de sus escapes y maldices la hora en que las autoridades impusieron el uso obligatorio del casco.
Hoy desayunarás unos huevos con bacon en una terraza desvencijada de un bar de parroquianos, al borde de una carrtera poco transitada. Después irás a cortarte el pelo a la peluquería de Maxi entre latas de cerveza fresca y buena música de rock & roll como banda sonora de fondo y te sentirás un hombre nuevo. Preparado para hacerle un par de cientos de kilómetros mas, al viaje de tu vida.

Al fin y al cabo, si tu vida es tan decrépita como la historia de un viejo músico de blues... ¿Que importa una resaca mas o una resaca menos?

Doktor Jeckill. 10 de Mayo de 2015.

lunes, mayo 04, 2015

Al final de la barra del bar


Otra vez en mi bar de confianza me encuentro a gusto, al desaparecer los últimos rayos de sol tras los tejados de la gris ciudad.
Otra noche perdida al final de una vieja y maltrecha barra de madera sin hacer nada de provecho ni nada medianamente práctico.
Con demasiadas cervezas en el cuerpo. Con demasiado bourbon quemándome las tripas.
Con demasiados recuerdos, demasiados pocos sueños y una casi total ausencia de esperanzas.
Con mi paciente máquina aguardando en la puerta, silenciosa y brillante. Sin que cuando vuelva a montarla completamente borracho, nada me reproche y me deslice a través de la noche, rompiendo el silencio de las calles mojadas, rápida y poderosamente hasta mi solitario cubil.
Bebo en silencio sentado en el taburete, sumergiéndome en el mar de notas musicales de un viejo blues que suena en el obsoleto equipo musical del garito.
Con mis pensamientos inmersos en esa melodía que tan bien describe el lamento espiritual de un perdedor, que se encuentra en la barra de un bar, lamiendo las heridas de su triste vida y escuchando un blues en el viejo piano o saxo de un sórdido club de New Orleáns, entre el característico ruido de fondo que solo consigue reproducir un buen disco de vinilo.
Aguardo con la esperanza de que esta noche, aparezca la mujer de mi vida.
Aquí en el rincón mas oscuro y sórdido de este viejo y sucio bar.
Con la esperanza de encontrar a esa mujer especial, bella, inteligente, leal y con corazón, capaz de reactivar el encefalograma plano de mi cansada, herida y maltrecha alma.


Una vez escuché a alguien decir que había oído hablar de que alguien había conocido a una mujer así.
Se lo había oído decir a un amigo de un amigo de otra ciudad muy lejana.
Pero yo siempre me acabo enamorando de tías egoístas, manipuladoras y que en el fondo... tampoco están tan buenas.
Acaban compitiendo siempre por mi atención contra mi moto y mis amigos. Me reprochan mis uñas llenas de grasa, mis dientes amarillos y mis simpáticos y sonoros pedos aromático-musicales.
Intentan por todos los medios organizar mi vida y tratan de que venda la moto, recuerde aniversarios y encuentre un trabajo "decente" para poder tener una manada de crÍos en un piso microscópico que tendríamos a pachas con el banco y que nos asfixiaría con una hipoteca que solo podríamos pagar atracando bancos o dedicándonos los dos a la prostitución de alto standing.

En otras ocasiones, una mañana me he despertado junto a una mujer a quien no conocía, que se me adivinaba vulgar y fea y que ni siquiera me importaba un carajo si reventaba en ese preciso momento.
Se encontraba desparramada entre las arrugadas sábanas de una habitación, testigo de una noche de deseo y sexo, normalmente aderezada con mucho alcohol y drogas, de la que ya no quedaba absolutamente nada mas que envases vacíos y recuerdos confusos.
Lo único que deseo en ese momento es sacármela para mear, darme una ducha rápida y largarme sin que la aventura me cueste dinero.
Oculto en mi puesto de vigía desde el final de la barra, observo a la gente que comparte esta noche, techo en este antro.
Veo a parejillas derritiéndose mutuamente con la mirada o comiéndose a besos y a solitarios como yo que alivian su soledad con el amigo Daniels. Jack Daniels.


Mientras pierden su mirada en el fondo de un vaso, de cuando en cuando, miran de reojo a los amantes con cierta envidia y evocando tiempos y compañías pasadas que entristecen su semblante, justo antes de apurar su vaso y pedir otra ronda de lo mismo.
Apenas media docena de almas, con muchos capítulos escritos en la novela de su historia, están esta noche en esta universidad de la vida, siendo capaces si se terciase, de dar a cualquiera una magistral clase, sobre lo que fue, sobre lo que pudo ser y sobre lo que realmente, ya no importa o dejará un día de importar.
A veces muevo el culo de mi reservado y salgo de este antro con la excusa de vigilar la moto, aunque en realidad, salgo a respirar algo de aire fresco, a escuchar los sonidos de la noche y a sentir la humedad de las calles en su semi-oscuridad, solo rota por algún neón o farola. De paso siempre viene bien echar una meada y a veces incluso, una discreta vomitona, lejos de miradas de reproche y asco, o de jocosos comentarios por los cuales, en mi estado, pueden llegar a ocasionar algún tipo de reacción violenta por parte del despojo que aquí queda y que en otro tiempo fue mi cuerpo.


Según transcurre la noche en silencio, tan solo roto por el sonido del blues, el toque de campana que sigue a una propina o alguna pelea entre borrachos, miro hacia el exterior y ansío ser acariciado por los primeros rayos de sol.
Necesito dejar de vivir así y ver el amanecer de mi propia existencia.
Saber que tras la noche, siempre se sucede una soleada mañana con el canto de un jodido gallo y el piar de esos mismos putos pájaros que se cagan con tanta frecuencia en mi moto.
Saber que tras la oscuridad, llega otro día de luz y que las lluviosas mañanas que difieren poco de la noche, se acaban al llegar el mes de mayo.
Saber que llega un momento en que lo que ahora es sombrío y oscuro, estalla en una explosión de color y perfume.
Saber que, a lo mejor, llegará una mañana en que deje de mear sangre, mi hígado no arda y mi conciencia pase de todo y deje de escocerme.
Un renacer en el que encontrar a alguien que te importe realmente y que, lejos de aprovecharse de ello, te diga: "Si alguna vez te vuelves a perder, mira al cielo y haré que una estrella brille para ti".
Pero hasta que ese día llegue, creo que voy a pedir otra copa desde mi rincón del final de la barra.

Doktor Jeckill.