martes, abril 14, 2015

El juego del amor.


El amor es un viejo casino en un vapor del Mississippi en el que juegan viejos truhanes, tramposos y putas de New Orleans con una Derringer oculta en el liguero.

Apuestas de locura a veces, cobardes en otras... sin garantía de juego limpio ni solvencia de la banca en ninguna de las mesas de juego.
Además nadie garantiza que puedas salir vivo de los solitarios y oscuros muelles del puerto por los que deberás salir cuando acabes tu juego y pretendas regresar a casa con una bolsa llena o incluso vacía.

Apuestas de riesgo en las que quien mas apuesta , mas gana o pierde, pero aun así llamará siempre la atención de cotillas y curiosos, que envidiarán la suerte de los ganadores o el arrojo y fé de quienes pierden.

Algunos viejos tahures de voz ronca tras una multitud de whiskys en su garganta, tocan un viejo blues en el piano roto y desvencijado. Ellos apostaron al blanco y salió negro. A ellos la diosa fortuna encarnada en Venus, les dio la espalda con una sonora carcajada y cocinó una hamburguesa con los restos picados de su maltrecho corazón.

Mientras tanto, busconas sonrientes hacen creer que su vida es de miel, mientras en el fondo, su sonrisa oculta una mueca de dolor. Mimetismo estudiado y poses mil veces ensayadas para ocultar cientos de complejos, cientos de fracasos, cientos de ilusiones rotas.

Mientras tanto el juego se sucede, las aguas traidoras del rio por el que navega el vapor, preparan trampas en cada meandro, en cada banco de arena, en cada orilla o isla fluvial. Ajenas a la guerra que se sucede entre las mesas de juego, ellas poseen su propia lucha contra todo lo que el vapor contiene.

La miseria humana es visible en cada cadáver que cae al rio, en cada fondo de vaso de tekila apurado y en la hoja manchada de sangre de la navaja que ocultaba tu compañera de juego, mientras te sentías ganador.

Doktor Jeckill. 14 de Abril de 2015

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