miércoles, agosto 08, 2012

Con la edad...

Cuando uno llega a cierta edad, se da cuenta de cosas en las que antes no había reparado o bien había pasado por ellas sin mayor trascendencia.

Cuando se ha tenido una vida intensa, plena, llena de alegrías y de desgracias, sometiendo al corazón y a la mente a esfuerzos que otros jamás llegarán a experimentar, uno se ralentiza y cansado mira hacia su pasado. Coje otra bocanada de aire y continúa respirando para el resto de sus días.

Es en uno de esos momentos en los que uno dispone de tiempo y neuronas suficientes para ver esos pequeños detalles que nos hacen la vida mas fácil o mas difícil. Las cosas que influyen sobre nuestra vida de manera indirecta, al provenir de la interrelación de nosotros mismos con nuestro entorno mas inmediato.

Personas en las que confiábamos y nos han apuñalado por la espalda, gente que hemos conocido y nos apetecería “desconocer”, gentucilla varia que vive en sus “mundos de yuppie” y pasa sobre las costillas del resto de los mortales como un elefante en una cristalería...

Y por el contrario: Esas otras personas que parecían algo menos cercanas, menos afines o a las que vemos de “pascuas a ramos” y que sin embargo, nunca te fallan. Personas a las que respetas profundamente, no por educación, sino porque se lo han ganado a pulso y a lo largo del tiempo.


Yo soy una de esas personas que con la edad, me vuelvo cada vez mas huraño, raro y freak. Me suele molestar sobremanera la compañía de la masa borrega, de los gañanes y de la gente con una absoluta falta de modales o consideración hacia los demás. Egoístas de pataleta que continúan comportándose como críos de 8 años.
Y también de esa otra “categoría humana” que finge ser educada, amable , exquisita, simpática, pero que en el fondo se trata de vendedores de humo, enmascarados con una careta de simpatía y empatía que en el fondo, esconden un mundo maquiavélico de rencores, negatividades, envidias y profundos complejos.

Por desgracia, es de lo que mas abunda en nuestros días. Tiempos en los que se fomentan las prácticas y actitudes mas nefastas y se ridiculizan los sagrados valores que cimentaron cualquier sociedad que mereciese la pena en cualquier momento de la historia.

En el trabajo, en el bar, en tu círculo familiar o de amigos... Siempre hay un chivato, un manipulador, un mentiroso que, incapaz de resaltar por sus propios valores, se dedica a dinamitar las acciones de los demás.

“Amiguetes” que estan para las copas, pero cuando se trata de arrimar el hombro, se convierten en hábiles escapistas que desaparecen en el fondo de cualquier chistera.

Mujeres que se arriman al mas “dotado” económicamente o al mas sinverguenza, para después lamentarse de ser tratadas como meretrices y no sentirse queridas por un hombre sincero.

Ratas que abandonan el barco, al primer atisbo de marejada o pequeña via de agua, dejándo a su suerte a quien hace mas bien poco, arriesgó su vida para salvar las suyas.

Si. Me he vuelto muy raro. Mas introvertido en mi Mundo de fotografía, mis escritos, mis mierdas... Y cada vez me molesta mas la gente.

Solamente me encuentro mejor ante la belleza de la gente que es bella y reluciente desde su interior, de la inocencia y lealtad de los animales y de la capacidad plástica de una creación artística de la índole que sea.

Aprecio el olor a tierra mojada, el susurro del viento y la inmensidad de un trueno en una noche de tormenta.
Aprecio a esos amigos para los que no vale mi dinero, o esos que se presentan de improviso con la mejor de sus sonrisas cuando saben que andas jodido y agazapado en tu concha.

La caricia del sol sobre la piel y el dolor de las heridas cuando has sobrevivido a ellas.
Aprecio los retos que me hacen mejorar como persona y me hacen disfrutar del camino que recorro para lograrlos.

Aprecio y desprecio tantas cosas, que precisamente me hacen saber o sentir que soy humano. Porque si no, pensaría mas a menudo que estoy de mas en este Mundo de mierda, que de vez en cuando, nos ofrece jugosas satisfacciones... aunque cada vez menos.

Doktor Jeckill. Ago. 2012.

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